Las falsas emociones

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Es posible falsificar la inteligencia emocional. Hay emociones y acciones que parecen reales, pero no lo son. Con las mejores intenciones, hay líderes que interactúan con lo que creen que es una combinación de empatía profunda, escucha armonizada y autoconciencia, pero sólo sirven a sus propias necesidades emocionales.

Según Ron Carucci, la regulación intencionalmente sutil de las propias emociones para diseñar respuestas de otros podría no ser lo mejor para ellos. Los usos indebidos más comunes de la inteligencia emocional son subconscientes. Necesitamos niveles más profundos de autoexamen. Éstas son las falsificaciones más comunes:

La necesidad de ser el héroe disfrazado de empatía. La empatía es uno de los componentes clave de la inteligencia emocional. La capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás crea una conexión auténtica y profundiza la confianza. Pero el deseo genuino de un líder de demostrar cuidado puede trascender fronteras sanas de manera involuntaria. A veces, la necesidad de sentirse indispensable eclipsa por completo lo que realmente se necesita: responsabilidad y orientación. Cuando un líder satisface una necesidad dependiente de sentirse central para el éxito de otra persona, le quita poder, haciéndola más débil en lugar de más fuerte. Cuando expreses empatía por los que diriges, presta atención a cualquier necesidad de ser el héroe y abandónala. La comprensión compasiva de los desafíos de los demás es emocionalmente inteligente. Rescatarlos de las consecuencias de esos desafíos puede ser más cruel que amable. Empodéralos y delega. Debes potenciar su autoestima.

La necesidad de estar en lo correcto disfrazado de escucha activa. Una habilidad fundamental de la inteligencia emocional es ser un oyente efectivo. Estar en sintonía con las preocupaciones de los demás demuestra: apertura a sus puntos de vista, voluntad de comprometer ideas diferentes a las nuestras, y honra hacia el coraje de otros para expresar perspectivas divergentes. La mayoría de los líderes afirman querer escuchar ideas disidentes estando dispuestos a cambiar de opinión cuando se presenten creencias y hechos más sólidos. Pero muchos también admitirían, si fueran honestos, que dejar de tener razón es doloroso y renunciar a sus puntos de vista les hace sentir pérdida de control e influencia. Conscientes de la tensión entre el deseo de conocer las opiniones de los demás y la necesidad de estar en lo cierto, los líderes pueden fingir que escuchan mientras tratan de atraer a otros a su postura sin darse cuenta de que lo están haciendo. No significa que no te importe lo que otros piensen, pero parecer que estás involucrado cuando en el fondo no lo estás nunca funciona, incluso si tienes buenas intenciones.

La necesidad de aprobación disfrazada de autoconciencia. Los líderes muy conscientes de sí mismos detectan cómo otros experimentan, solicitan activamente retroalimentación crítica de los demás y reconocen con precisión sus puntos fuertes y déficits. Pero cuando hay un deseo insaciable de aprobación, la autoconciencia puede distorsionarse y convertirse en una súplica neurótica de afirmación. Todo líder tiene alguna inseguridad. Los líderes genuinamente conscientes de sí mismos combaten esa inseguridad de frente y no trasladan la carga de calmarla a los demás.

Nuestra capacidad de expresar inteligencia emocional a veces se ve perjudicada por necesidades emocionales no reconocidas e insalubres. Si deseas emplear con excelencia habilidades eficaces de inteligencia emocional, presta atención a las cicatrices y vacíos no atendidos que acechan bajo la superficie de tu espectro emocional interior. Trata a las personas con honestidad y cuidado, y serás capaz de mantener credibilidad y relaciones sólidas con los demás.

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