¿Qué piensa la gente de ti?

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En el mundo de los negocios, desde el momento en que entras en una sala o conoces a alguien personalmente, eres evaluado. Algunos investigadores dicen que el cerebro humano está programado para juzgar, por lo que puede interpretar información relevante.

A menudo formamos opiniones completas sobre los demás basadas en impresiones rápidas de su apariencia, de sus acciones y de su comunicación. Es una respuesta tan automática que la mayoría de las veces ni siquiera nos damos cuenta de que lo estamos haciendo. Según Lolly Daskal, hay varias formas en que puedes estar influyendo inconscientemente en lo que las personas piensan de ti:

Cómo dices lo que piensas dice mucho sobre cómo te sientes y cómo tratas a los demás. ¿Eres autoritario? ¿Dejas espacio para otras perspectivas? ¿Escuchas tan bien como hablas?

Con qué frecuencia revisas tu teléfono: hay pocas cosas más irritantes o frustrantes que alguien mirando furtivamente su teléfono a mitad de una conversación, a menos que las circunstancias sean extraordinarias y las hayas explicado por adelantado.

Cómo manejas el rechazo: la gente observa lo cómodo que estás al escuchar “no”. Puedes ser reactivo, seguir tu primer instinto en el calor del momento, o puedes ser receptivo, adoptando un enfoque más mesurado. Ser capaz de manejar bien la decepción es una de las características de la madurez. Bruce Lee decía: “Una de las mejores lecciones que puedes aprender en la vida es dominar cómo mantener la calma”.

No dejes que tus emociones te distraigan: está bien mostrarlas de manera apropiada, pero en la mayoría de las situaciones debes aprender a manejarlas si no quieres que te manejen a ti.

Cómo reaccionas al cambio de planes: ser flexible y ágil muestra que puedes lidiar bien con lo inesperado. Sé obstinado con tus objetivos pero flexible con tus métodos.

Cómo manejas la culpa: la gente puede decir mucho sobre ti por la forma en que sorteas las situaciones negativas. ¿Te enfocas en la culpa o en las soluciones? ¿Culpas a los demás o asumes la responsabilidad? ¿Sabes “dejar ir”?

Cómo sostienes una conversación: las personas escuchan lo que dices y cómo lo dices. ¿Estás anclado en el pasado, viviendo el presente o enfocado en el futuro? ¿Eres optimista o pesimista? ¿Eres sólo un orador elocuente o estás más inclinado a escuchar? ¿Eres rimbombante o de voz suave?

Si te gustan los chismes, la gente sabrá una cosa con certeza: que hablas de los demás a sus espaldas. Como es de esperar, les será difícil confiar en ti.

La confianza no significa entrar a una sala pensando que eres el mejor, sino que consiste en no tener que compararte con nadie. Las personas más seguras son las que no dependen de alardear o de monopolizar la atención.

Cómo tratas a los demás: cómo hablas con otros es una señal segura de tu propio respeto por ti mismo. ¿Tratas a todos con la misma cortesía y amabilidad? Si no, es probable que te observen y noten la diferencia.

Tu apariencia importa: tu vestimenta, arreglo, porte y lenguaje corporal hablan por ti mismo antes de que pronuncies siquiera una palabra. ¿Qué mensajes estás enviando?

La puntualidad, o la falta de ella, da una impresión sobre tu personalidad. Llegar tarde a una reunión crea la sensación de ser egocéntrico y descortés, mientras que llegar a tiempo o incluso temprano muestra consideración por los demás.

A veces son las pequeñas cosas las que hacen la diferencia. Es bueno estar al tanto de ellas para que puedas estar preparado para las impresiones que dejas en la gente. Recuerda que los negocios dependen de la credibilidad que inspiras, y como decía Oscar Wilde: “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”.

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