Sacrifícate: haz lo difícil para lograr lo imposible

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En el mundo de los negocios se suele decir que todo lo que buscas está fuera de tu zona de confort. Pero ¿qué significa realmente?

La famosa zona de confort es ese territorio donde la incertidumbre, la escasez y la vulnerabilidad son mínimos, es decir, donde creemos que hay espacio suficiente para el amor, el talento, el tiempo o la admiración. Es un lugar donde creemos tener algún control. Aunque la vida está llena de imprevistos y esa seguridad que anhelamos es una ilusión, al abandonar la zona de confort (por ejemplo, en un nuevo empleo) nos sentimos ansiosos y tal vez incluso estresados.

Según Francesc Miralles, se ha demostrado que es justamente en esa clase de situaciones cuando se potencia la creatividad. Del mismo modo que el conductor que realiza siempre la misma ruta corre el riesgo de dormirse por falta de estímulos y sufrir un accidente, enfrentarse a situaciones graves nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros mismos, ya que nuestros cinco sentidos están puestos en aprender de ese mundo desconocido. En la primera cita con alguien que nos gusta, la conversación adquiere un nivel de frescura y creatividad que luego, en una relación estable, resulta difícil de alcanzar. Eso prueba que el poder de la incertidumbre nos hace crecer y nos puede llevar a lugares inesperados.

Dan Waldschmidt es un gran estratega de negocios que dicta conferencias. En su post “Tienes que hacer las cosas difíciles”, hace estas recomendaciones:

Tienes que hacer la llamada que tienes miedo a hacer. Tienes que levantarte más temprano de lo que quieres. Tienes que dar más de lo que obtienes a cambio de inmediato. Tienes que preocuparte más por los demás de lo que ellos se preocupan por ti.

Tienes que luchar cuando estás herido. Tienes que ir a lo inseguro cuando juegas si lo seguro parece más inteligente. Tienes que liderar cuando nadie te sigue todavía. Tienes que invertir en ti mismo a pesar de que nadie más lo haga. Tienes que trabajar en los detalles cuando es más fácil encogerse de hombros.

Tienes que dar resultados cuando ofrecer una excusa es una opción. Tienes que buscar tus propias explicaciones incluso cuando te dicen que debes aceptar los hechos. Tienes que cometer errores y quedar como un idiota.

Tienes que intentar y fallar, y volver a intentarlo. Tienes que correr más rápido aunque te quedes sin aliento. Tienes que ser amable con la gente que ha sido cruel contigo. Tienes que ser responsable de tus acciones, incluso cuando las cosas van mal. Tienes que seguir moviéndote hacia donde quieres estar, sin importar lo que esté delante de ti.

Tienes que hacer las cosas difíciles. Las cosas que nadie más está haciendo. Las cosas que te asustan. Las cosas que hacen que te preguntes cuánto tiempo más podrás aguantar.

Ésas son las cosas que te definen. Ésas son las cosas que hacen la diferencia entre vivir una vida de mediocridad o de éxito escandaloso. Las cosas difíciles son las más fáciles de evitar. Para excusarte. Para fingir que no son aplicables a ti.

La simple verdad acerca de cómo las personas comunes logran hazañas increíbles de éxito es que ellos hacen las cosas duras que personas más inteligentes, más cualificadas y más ricas, no tienen el valor (o la desesperación) de hacer. Haz las cosas difíciles. Puede que te sorprenda lo increíble que eres en realidad.

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